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El señalamiento es del Centro Nicaragüense de Derechos Humanos -CENIDH- que en su "Informe 1998" sobre la situación de los Derechos Humanos en nuestro país, afirma que "Nicaragua está siendo manejada como una casa particular que tiene al frente a un dueño caprichoso que todo lo decide cuando quiere y como quiere", reflejando así "las inconsistencias, contradicciones y maniobras en que se desenvuelve la actividad política gubernamental", que en ese plan ha resquebrajado la institucionalidad y ha debilitado la democracia. Si en su Informe del 87 el CENIDH señalaba el acelerado deterioro de los derechos humanos en general, y más específicamente los derechos económicos y sociales de los nicaragüenses, lo ocurrido al respecto durante 1998 no deja ningún resquicio al optimismo sino más bien pone ante nuestros ojos un futuro incierto donde lo único que se vislumbra es el cansancio político, la incertidumbre y la frustración de todo el pueblo. En su proyecto autocrático Alemán ha venido organizando una burocracia servil donde las lealtades políticas se han privilegiado sobre la capacidad técnica y profesional de los funcionarios. "Esta incondicionalidad se siente incluso en algunos fallos o sentencias de la Corte Suprema de Justicia, poder del Estado hasta donde ha llegado la influencia presidencial", afirma el CENIDH. "Grave es el riesgo que corre la democracia con la corrupción en la vida pública, con los gastos superfluos de quienes tienen muchas riquezas o ejercen el poder público, con la falta de sentimiento ético en los campos de la justicia, de la política, de la economía, de la cultura. El vicio de la corrupción socava el desarrollo social, económico y político de cualquier pueblo", añade el CENIDH. Denuncia también el Informe el debilitamiento que ha sufrido la oposición política -representada esencialmente en el FSLN-, que, dispuesta a recobrar espacios de poder perdidos y de mantener los que conservaba desde 1990, "parece haber errado el rumbo de un correcto proyecto de oposición al neosomocismo que avanza, procediendo a realizar un pacto político al que eufemísticamente llama "acuerdo nacional". Para el que esto escribe, resulta a todas luces un suicidio político para la dirigencia del FSLN pactar con un gobierno que además de desacreditado no merece crédito alguno. Y es más criticable esa obtusa posición si tomamos en cuenta que con el tal pacto o acuerdo solo se contribuye a apuntalar a un gobierno nefasto y corrupto que cada día se debilita más ante la conciencia nacional e internacional. "El año 1998 llegó a su final con una compleja situación en la que un amplio sector de la Nicaragua rural -que ya vivía excluido y en muy difíciles condiciones está devastado y una millonaria ayuda internacional llega al país para ser administrada por un gobierno con funcionarios que habían dado ya claras señales de corrupción y de falta de transparencia", añade el CENIDH. El Centro Nicaragüense de Derecho Humanos reitera en su Informe que el modelo económico neoliberal y las políticas de ajustes -condenadas por El Papa y por la Conferencia Episcopal Latinoamericana-, "son excluyentes, profundizan las diferencias entre unos pocos ricos y una mayoría cada vez más empobrecida, por lo que violan los derechos humanos de mujeres, niñas, hombres y niños. El presidente Alemán que comenzó proclamándose nacionalista, es hoy un cerrado defensor de una economía cada vez más desnacionalizada y acorde con los intereses de instituciones internacionales y empresas transnacionales". "El disfrute del derecho
a la salud, a la educación, al trabajo, a la vivienda, parecen ideales
inalcanzables. Quizás la equivocada opción del suicidio sea
una forma de expresar la desesperanza de tantos nicaragüenses a los
que hoy se les viola el derecho a una vida digna. En 1997 la Policía
Nacional reportó 277 suicidios. En 1998 esta cifra aumentó
y crece también el número de niños y niñas
suicidas, y se estima que en 1998 cada 28 horas se suicidó una o
un nicaragüense", concluye en su prólogo el Informe del CENIDH.
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