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"Durante mi infancia y adolescencia, me sentí como una leprosa", comenta Kelly, quien conversó con el reportero a una distancia prudente. "Me bañaba varias veces al día y ni así podía librarme del hedor. Mis compañeros de escuela se apretaban la nariz y me decían «Kelly, la Apestosa»" Igual
que le ocurre a su marido David, el hígado de Kelly no puede
David y Kelly Loomis descubrieron la felicidad uno en los brazos del otro, ¡a pesar del hecho de que ambos huelen a pescado descompuesto! Provocado por alimentos
A causa
de sus problemas de hedor, Kelly, originaria de Worcester, Massachussetts,
no podía conservar un empleo. "Fuí despedida 17 veces en
sólo dos años", relata con enojo.
Pero finalmente encontró trabajo donde su horrible aroma no importa nada: ¡en una pescadería! "Kelly es muy trabajadora, y no nos importa a lo que huele", dice Collen Collins, dueño de la pescadería. "Aquí, todos olemos a pescado". David también encontró su verdadera vocación como marinero en un bote pesquero que navega en la costa de Boston. "En el barco, nadie se da cuenta, comenta. "El bote huele a pescado todo el santo día". La pareja se conoció cuando David acudió a la pescadería a entregar un pedido de cazón. "Fue amor a primera vista, expresa David. "Me dejó muy impresionado". Esperan un bebé Ahora
ya tienen varios meses de casados, y ¡están esperando un bebé!
No hay cura La
doctora Ellen Tracy, de la Universidad McGill, de Montreal, Canadá
comentó respecto a este caso: "Las víctimas del síndrome
de olor a pescado suelen perder empleos y amigos y se sienten muy aislados.
No se conoce ninguna cura para ese mal, si bien evitar ciertos alimentos
y tomar antibióticos puede ayudar".
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