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Durante largo tiempo, a pesar de las comunicaciones de la aparición de efectos secundarios llamativos, como la "joroba de búfalo" (redistribución anómala del tejido adiposo) y de signos de resistencia a los fármacos antiVIH, la ciencia francesa ha perseverado en su intento de recuperar la función inmunitaria perdida de los pacientes de sida. Autran y su antigua condiscípula Christine Katlama trataron de hallar una respuesta al gran problema terapéutico: ¿deben los pacientes infectados de VIH continuar indefinidamente tomando varios comprimidos al día para evitar la muerte producida por las infecciones oportunistas que acompañan el sida? La enfermedad devasta el sistema inmunitario, destruyendo en particular las células CD4. Cuando los niveles de estas células son extremadamente bajos, complicaciones asociadas con el sida, como la neumonía por Pneumocystis o la toxoplasmosis, derrotan fatalmente las defensas de la víctima. "Nuestras investigaciones demuestran una tremenda recuperación del sistema inmunitario", explica Autran. "Aportamos la prueba de que, de hecho, el sistema inmunitario no está muerto: (al contrario) puede ser restaurado incluso con la enfermedad muy avanzada". Pruebas de laboratorio sobre células inmunitarias de pacientes restauradas, afirma, indican que éstas son capaces de luchar contra las infecciones. Por lo tanto, los pacientes de sida pueden prescindir de medicamentos para protegerse de las complicaciones fatales. Otros científicos han aportado evidencias sugestivas de la preservación de la función inmunitaria en pacientes infectados por el VIH: por ejemplo, la sorprendente conservación de la actividad de su timo, órgano situado en la base del cuello que produce abundancia de células inmunitarias. Los investigadores habían aceptado que estos pacientes debían tener un timo inactivo a consecuencia del ataque vírico. Pero cuando Michael McCune y colegas de la Universidad de California en San Francisco examinaron concienzudamente 99 pacientes adultos infectados por VIH, descubrieron que conservaban abundante tejido tímico. El timo ayuda a revitalizar el sistema inmunitario dañado tras la terapia antivírica, sugiere McCune. "Alienta la esperanza de que va a ser posible reconstituir la inmunidad". El Dr. Anthony Fauci, del Instituto Nacional de Alergia y Enfermedades Infecciosas de los EEUU, Bethesda (MD), ha afirmado que "el trabajo de la Dra. Autran es uno de los mejores en demostrar que existe una recuperación, por lo menos parcial, del sistema inmunitario". Fauci y el Dr. Bernard Hirschel, de Ginebra (Suiza), otro eminente especialista en sida, están de acuerdo con Autran sobre la necesidad de llevar a cabo más ensayos clínicos para determinar cuándo los pacientes pueden interrumpir sin peligro la medicación contra las infecciones oportunistas. Tales ensayos se han iniciado ya en Europa. El Dr. Mario Roederere, inmunólogo de la Universidad de Stanford opina que "las investigaciones (de Autran) han tenido un impacto significativo sobre la comprensión de la inmunopatogenia de la enfermedad del sida... Ha demostrado (la posibilidad de) una recuperación lenta y sostenida del sistema inmunitario -- objetivo final del tratamiento del sida". Autran y Katlama reconocen que no han demostrado que el sistema inmunitario de estos pacientes puede ser totalmente restaurado, pero no ven "limitaciones importantes" si el virus se controla durante largo tiempo. La Dra. Autran está tratando también de determinar si con un tratamiento precoz, o más potente, se puede conseguir la recuperación completa. Las combinaciones de fármacos han podido reducir a menudo la carga vírica en la sangre de los pacientes a niveles indetectables. Se cree que la recuperación del sistema inmunitario está directamente relacionada con el grado de supresión del VIH alcanzado por esta terapia. La Dra. Autran explica que tras el comienzo del tratamiento, las células del sistema inmunitario se recuperan rápidamente durante los dos primeros meses y luego lo continúan haciendo a un ritmo constante, pero más lento. La inmunóloga francesa estima que la recuperación completa del sistema inmunitario puede tomar de 4 a 8 años. La Dra. Autran comenzó estudiando más de 300 pacientes "en estadios muy avanzados" de la enfermedad, en 1996. La quimioterapia produjo un aumento sostenido significativo de células CD4 en el 80% de los pacientes. En un período de 18 meses, el recuento de células CD4 ascendió de 51/mm3 a 194. La cantidad normal es de 500 a 1000 células por mm3. Los médicos dicen que las infecciones oportunistas se presentan cuando la cifra cae por debajo de 500 células/mm3. Brigitte Autran y Christine Katlama estudiaron juntas en la misma facultad de medicina en París durante los años 70. Ambas se especializaron en enfermedades infecciosas, un campo nuevo entonces para las mujeres, y en su momento fueron de las primeras en tratar pacientes de sida. Katlama continuó ejerciendo como clínica, mientras que Autran se dedicó a la investigación inmunológica. Más tarde volvieron a reunirse y se han convertido en uno de los equipos punteros en la investigación del sida en su país. De sus excelentes trabajos en la Pitié-Salpêstrière ha salido una serie de interesantes publicaciones. Autran
había trabajado antes en este hospital con Patrice Debré
tratando de clarificar el papel de los linfocitos T (células inmunitarias)
en la resistencia a la infección por VIH. Demostraron que los infectados
producen gran cantidad de células asesinas (linfocitos T citotóxicos
o LCTs) dirigidas específicamente contra el VIH.
Micrografía
electrónica de un corte de linfocito T, leucocito de la sangre humana
prteneciente al sistema inmunitario, que se origina en la médula
ósea y madura en el timo.Cuando Autran y Katlama formaron equipo, se concentraron en el estudio de lo que le ocurre al sistema inmunitario durante el tratamiento con combinaciones de fármacos. Con Debré y Jacques Leibowitch, del Hospital Raymond Poincaré, han sorprendido a la comunidad científica con un trabajo publicado en Science, según el cual, pacientes en estado avanzado de la enfermedad, tratados con tales combinaciones, pueden recuperar algunas de sus defensas frente al citomegalovirus y al bacilo tuberculoso, las más importantes causas de muerte entre ellos. Además,
al cabo de un año, los pacientes comenzaron a regenerar células
jóvenes, sin memoria inmunitaria, signo de restauración del
sistema inmunitario. Juntamente con Guy Gorochov, del Hospital Pité-Salpêtrière,
Autran y Katlama han demostrado que el sistema inmunitario recupera parcialmente
su capacidad de defensa frente a un amplio espectro de gérmenes
patógenos, otro critero crucial.
En un editorial en el JAMA (280:87-88, 1998) los Dres. O.J. Cohen y A.S. Fauci, del Instituto Nacional de Alergia y Enfermedades Infecciosas, de Bethesda, han escrito el siguiente comentario sobre el problema de las infecciones latentes en pacientes sometidos a tratamientos antirretrovírico La existencia de células CD4+T con infección latene plantea tal vez el mayor reto en el control a largo plazo de la infección por VIH en personas sometidas a terapéutica antirretrovírica potente. Las células con infección latente no pueden ser eliminadas por el sistema inmunitario del anfitrión debido a la falta de expresión de los antígenos víricos en la superficie celular; además, el ADN provírico integrado no puede ser atacado por los agentes antirretrovíricos actualmente disponibles. Por consiguiente, la vida media natural de las células CD4+T con infección latente parece ser un factor limitativo en la erradicación del sida. De hecho, recientes estudios han demostrado que se pueden recoger VIH capaces de reproducirse de pacientes sometidos a terapia antirretroviral potente y con niveles indetectables de virus en el plasma durante períodos prolongados. En conjunto, estos estudios sugieren que la vida media de las células CD4+T infectadas es muy larga y que la eliminación total de la infección vírica puede requerir varios años. Actualmente, se están haciendo esfuerzos para combinar una terapia antirretrovírica potente con intervenciones dirigidas a activar las células con infección latente. La estrategia es conseguir que estas células entren en estado de infección productiva y mueran; los virus liberados de estas células no serán capaces de infectar nuevas células bajo protección de una terapia potente. "La posibilidad de reconstitución del sistema inmunitario tras una eficaz supresión de la replicación del virus mediante una terapia antirretroviral potente, constituye un asunto de considerable interés y debate. Ha quedado claro recientemente que en las primeras semanas siguientes a la iniciación de una terapia antirretroviral potente, la rápida elevación del recuento de células CD4+T es debida, en gran parte, a una redistribución de células "de memoria". Sin embargo, el mecanismo involucrado en el sugsiguiente incremento lento que se observa en las células CD4+T nuevas, sin memoria, permanece sin aclarar. El empobrecimiento de la población celular dotada de ciertas especificidades inmunológics durante el curso de la infección VIH crea "vacíos" en el repertorio inmunológico que originan una mayor susceptibilidad a las infecciones oportunistas. Por consiguiente, la aparición de células sin memoria, dotadas de especificidades que habían sido perdidas, constituye una verdadera reconstitución del sistema inmunitario. La interpretación de algunos datos sugeriría que tal reconstitución puede realmente ocurrir durante una terapia potente; sin embargo, muchos aspectos de la reconstitución inmunológica no tienen explicación. "Las
terapéuticas inmunológicas dirigidas a reforzar la producción
de células CD4+T jóvenes, sin memoria, constituirán
un complemento importante de la terapia antirretroviral potente".
A fines de noviembre de 1998, la progresión del sida y la de la tuberculosis, relacionadas de alguna manera entre sí, han provocado señales de alarma y han sido objeto de nuevas informaciones extremadamente preocupantes. Según la OMS, cada año aparecen 8 millones de nuevos casos de tuberculosis en el mundo, la mitad de ellos en Asia. En cuanto al sida, la UNAIDS y la OMS han publicado sendos informes que subrayan los estragos que produce este azote en el Africa subsahariana, donde se registran 34 millones de enfermos, casi 12 millones de muertes y un aumento galopante de la mortalidad infantil. En
Europa Occidental y en América del Norte, las muertes son mucho
menos numerosas y la tasa de infección permanece estable, pero la
prevención no ha mejorado.
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