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Son muchos los aficionados a autorrecetarse. Muchas personas usan o recomiendan con ligereza fármacos, sin reflexionar en los efectos indeseables y negativos que pueden provocar a sus amigos, familiares o a ellos mismos. Todo medicamento encierra un peligro potencial y este es mayor cuando son ingeridos o aplicados sin que previamente hayan sido evaluados sus beneficios o riesgos por un médico, en relación a la persona que los recibe. Nuestro pueblo heredó este nefasto y peligroso hábito de la automedicación por la limitada accesibilidad que tenía y aún sigue teniendo a los servicios de salud tanto institucionales como privados. También entre personas económicamente solventes existe este hábito. Mi paciente hombre maduro y de buena posición económica llegó a consultarme un día lunes por la tarde. Soy el médico de gran parte de su familia incluyendo a su enciana madre, quien recibe de por vida medicamentos que le controlan la insuficiencia cardíaca que padece. Me refirió que el día anterior después de un suculento almuerzo sintió distensión gástrica y opresión en el pecho que le dificultaba la respiración, se alarmó, pensó llamarme, pero de pronto -refiere- se le "iluminó la mente". Recordó que su mamá estaba muy bien con las medicinas que recibía para el corazón. De inmediato se dirigió a casa de su madre e ingirió los mismos medicamentos, en las mismas dosis y con el mismo horario que ella lo hace, hasta el momento en que me consultó. Afortunadamente el caso se trataba de una indigestión en la que los medicamentos usados no tuvieron ningún efecto y que de haber continuado tomándolos pudo haber presentado reacciones secundarias y complicaciones mayores. La salud del pueblo es una riqueza nacional y de cómo se proteja esta riqueza, se puede juzgar cabalmente el carácter del régimen social, de sus ventajas y logros. El MINSA, la Facultad de Medicina y las organizaciones profesionales, científicas y gremiales deben impulsar una campaña de educación masiva como el instrumento más eficaz para combatir esta práctica. Debemos tratar de reorganizar la asistencia médica hospitalaria, la de atención primaria. Ampliar la red de puestos de salud rurales promoviendo la asequibilidad de la atención médica de nuestra población. Limitar el número de medicamentos que se expenden sin receta. Estas y otras medidas reducirán las posibilidades de que la gente se autorrecete o use medicamentos inadecuados y peligrosos. |
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