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que vino a estas tierras lleno de juventud en sus músculos y su alma y plenos los ojos de la luz de la esperanza. También
muchos de nosotros tenemos ya la mirada débil y los cabellos blancos.
Pasaron los años mozos, pero sentimos que logramos caminar al paso
vigoroso y firme del amigo que nos guiaba por los senderos abruptos de
nuestra tierra sonorense.
Al Dr. Arnulfo Antonio Suárez Sobalvarro estamos ofreciendo este homenaje humilde, insignificante. Son unas cuantas imágenes entrañables de toda una vida, de muchas vidas, de mucho esfuerzo y sacrificios. Recuerdos que no morirán jamás porque son de una obra que vive y vivirá siempre, como un árbol eterno que no deja de florecer. Cosas de los jóvenes Scouts, de los pacientes, de los amigos de Boaco y de Sonora, para el Dr. Suárez, guía y amigo querido a quien no podemos olvidar. Para creer en la perfección es necesario el esfuerzo para descubrir y fortalecer, la esperanza en Dios. Dr.
Arnulfo Suárez S.
A cuatro meses de terminado el año de la erradicación de la pobreza, es bueno que recordemos la obra inconmesurable que desde 1959 llevó a cabo el Dr. Arnulfo Antonio Suárez, en pro del niño y anciano desamparado e igualmente hizo realidad el anhelo de muchos jóvenes apoyándolos y aconsejándolos para que superaran y a miles de ellos los rescató de las garras del vicio enseñándoles cosas positivas. El Dr. Suárez, trató que los niños y ancianos no sólo sean amados, sino que ellos se sientan amados. Que la familia del Dr. Suárez me perdone por lastimar su modestia, pero él fue de las personas que estaban acostumbradas a fijarse metas que para otros son inalcanzables, a él no le importaba pasar, sin escrúpulos sobre el cansancio y su propia vida si era necesario, con tal de llevar alegría y esperanza a miles de niños y ancianos de condición humilde. Este hombre dedicó su vida a embellecer la imaginación de los niños y jóvenes en México y Boaco, Nicaragua, la tierra natal de tan insigne varón. El
Dr. Suárez era capaz de morir con tanto niño que muere de
hambre cada segundo; pedir apoyo sin importarle las críticas. Ojalá
podamos imitarlo todos los días. ¡QUE HERMOSO SERIA!
En la Iglesia de la Ciudad de Boaco, Nicaragua, en el libro de bautismo encontramos los primeros datos del Sr. Arnulfo Suárez. Ahí se asienta que el día 30 de abril de 1930, nació el niño Arnulfo Antonio, hijo de D. Arnulfo Suárez y de la Señora Rosaura Sobalvarro. Arnulfo Antonio tuvo nueve hermanos, las personas que conocieron al pequeño Arnulfo lo recuerdan como un niño bueno e inteligente. La famlia Suárez Sobalvarro, dueña de una dote moral sin par pues el catolicismo y la abnegación de D. Rosaura, fue un ejemplo maravilloso para los hermanos Suárez Sobalvarro. Arnulfo Suárez Sobalvarro estudió el bachillerato en el Instituto Pedagógico de Diriamba. Posteriormente llega a la ciudad de León y cursa un año de la carrera de medicina. En 1954 viaja a la República Mexicana y se inscribe en la Universidad Autónoma de México y termina su plan de estudios en 1958. El Dr. Arnulfo Suárez llega a Sonora para hacer su servicio social en un hermoso poblado de la sierra sonorense, su consultorio lo estableció en el poblado de Güisamopa, Municipio de Sahuaripa, Sorona. El 18 de diciembre de 1959 contrae matrimonio con una hermosa mujer sonorense, la que fue su compañera toda la vida. De esta maravillosa pareja (ARNULFO SUAREZ Y LUPITA QUINTANA) nacieron tres hijos: Arnulfo Antonio, Marco Antonio y Onofre Antonio. El Dr. Suárez, al concluir su servicio social en Guisamopa, Sonora, establece su residencia en México, D.F., en 1960 trabajó en el Hospital Infantil de México. El Dr. Arnulfo Suárez Sobalvarro, recibió su título de Médico Cirujano en Abril de 1961, ese mismo año regresa a Boaco, Nicaragua, su tierra natal (15 Dic. 1961). Las
Obras que él realizó de 1959-1991 son muchas, en Sonora y
en Boaco, Nicaragua, que no podemos creer lo que ven nuestros ojos.
ayudar a los nicaragüenses y muy especialmente a los habitantes de su natal Boaco, Nicaragua. En 1966 René Schick fallece y fue sustituido por Lorenzo Guerrero. En el año de 1967 Anastasio Somoza Debayle asume la presidencia de Nicaragua. En 1976 atacan los sandinistas a la guardia nacional y en 1977 el presidente Carter niega la ayuda a Somoza por sus abusos a los derechos humanos, el 12 de octubre los sandinistas lanzas su ofensiva contra el gobierno de Anastasio Somoza. El 10 de enero de 1978 asesinan al periodista Pedro Joaquín Chamorro, los sandinistas lanzan su ataque general contra varias ciudades. Durante la revolución de 1978, vino la persecución y el Dr. Suárez y su familia se alejaron de Boaco, Nicaragua, con el pecho oprimido por el dolor de tener que dejar abandonado lo que más cuidaban y querían: los campamentos scouts. El guiador es un miembro más que se integra a la familia de los jóvenes, para dedicarle tiempo y esfuerzo, en su formación como ciudadanos útiles a su patria. La vida de un hombre corre como el agua; se habla en pocas palabras de toda una serie de actos y circunstancias que van forjando la imagen y la esencia misma de los individuos. Como
sucede, después de la tormenta vuelve la calma, el Dr. Suárez
y su familia regresan a Nicaragua, permanecer en tierras lejanas significaba
perder lo que se había logrado en pro de las juventudes nicaragüenses.
Suárez es para el pueblo nicaragüense, algo más que un médico: es el visionario maravilloso que embulló en las juventudes el sentido de la unidad; que atemperó su espíritu y estableció las bases de una nueva vida moral y humanitaria, fundada en la más profunda y verdadera espiritualidad. El Dr. Arnulfo Suárez y su respetable esposa Lupita, no obstante ser considerados como los padres de los sonorenses y nicaragüenses más necesitados, el Dr. nació en un lugar lejano a nuestro Sonora y la Señora Lupita es de Güisamopa, Sonora. Arnulfo
Suárez fue un conquistador de respeto y cariño, un conquistador
que jamás se apoderó de nada, sino que todo lo dio a los
niños, jóvenes y ancianos.
Suárez Sobalvarro construyó casa económica para todo aquel que no contaba con un techo para su familia, construyó hospitales y llevó el oriflama de JESUS, hasta el día de su muerte. El Dr. Suárez creció en el seno de una familia católica y al llegar a Sonora coadyuvó a la evangelización de miles de personas. El Sr. Obispo de Cd. Obregón, Don Vicente García Bemal, le dió todo su apoyo y bendición para que se formara el Consejo Parroquial en las Iglesias de la Diócesis del Sur de Sonora, México. El Dr. Arnulfo Suárez ha dejado un ejemplo impar con su apostolado que ha sido de tal manera fecundo y eficaz, en su tierra natal e igualmente en Sonora, patria de su amada esposa Lupita Quintana. La historia es como un río que jamás se detiene. Los hechos se suceden en forma vertiginosa. Los hombres llegan, trabajan, dejan su huella y desaparecen. Pero la obra de Arnulfo y Lupita no muere ni se olvida; late viva y vigorosa en los muros y salas de los edificios que ellos construyeron y sobre todo, en el alma de cada uno de los jóvenes scouts y en las generaciones buenas que son producto de aquellas formadas por el matrimonio Suárez Quintana. Imposible encerrar en unas cuantas páginas la vida y la obra de un hombre como el Dr. Arnulfo Antonio Suárez Sobalvarro. Llenó
toda una época de la vida de Boaco, Nicaragua y Güisamopa,
Sonora, es como un monumento que queda ahí firme y majestuoso, para
que los jóvenes scouts de hoy continúen la obra eterna de
Arnulfo.
Tierra virgen, horizontes infinitos. Ansia de salvar muchas vidas humanas y llevar almas al CRISTO que lleva en sí mismo. Nace el día brillante en el azul de estos cielos sonorenses. Hay promesas de gérmenes, de flores, de frutos. Siembra, surca, abona, cuida, ama... Cuando el sol quema en lo alto, al vigor ardiente del mediodía, las plantas amacizan sus frutos en realización inminente. Llegó la tarde. Los brazos exhaustos. La mirada es corta y ceniza. Se acabó el vigor juvenil y los cabellos se han vuelto blancos por el dolor, por la angustia, por el duro trabajo. Un hombre encorvado, inmensamente cansado, que se aleja por los caminos que otrora recorriera lleno de energía. Atrás queda la obra que con su amor cuidaba, agobiados los árboles con el fruto que él quería. El
hombre se va, se cansa, se oculta, pero su obra queda en toda la grandeza
de su bondad.
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