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Durante casi dos
años que estuve participando en el Proyecto de la Unión Europea
y el B.I.D denominado elementos para una estrategia de capacitación
para el trabajo en el área Centroamericana, como parte del grupo
clave de Nicaragua, me vi inmersa en una serie de conceptos, ejemplos y
vivencias Centroamericanas, al visitar todos los países y compartir
con funcionarios tanto de los gobiernos como del sector privado Centroamericano.
Esto me motiva a considerar importante hablar sobre la participación
de las mujeres en la educación para el trabajo en Nicaragua.
Uno de los factores determinantes en el proyecto antes mencionado es que el subdesarrollo se debe a falta de productividad derivada de la falta de capacitación. Como lo indica la memoria institucional del INATEC de 1996, presentada por su Directora Ejecutiva de ese entonces la Licenciada María José Chévez Urcuyo: "La integración de la mujer cada vez más acelerada y masiva - a las actividades productivas y laborales del país, ha impuesto la necesidad de crear programas dirigidos a promover la participación de la mujer en la capacitación técnica para lograr su inserción laboral en igualdad de oportunidades, lo cual constituye el objetivo fundamental del programa de "Atención a la mujer". De esta manera es que las mujeres han sido capacitadas en tejeduría artesanal, medicina natural, pesca artesanal, procesadora de leche, panadería, venta de mariscos, reparación de aparatos de refrigeración y otras áreas que habían sido vedadas para la mujer. El gobierno de la República ha jugado un rol muy importante al comprometerse en foros internacionales a darle una participación activa a la mujer en el desarrollo socioeconómico del país, no obstante esto implica un proceso que hay que acelerar. Es importante hacer un recorrido por la situación de la mujer nicaragüense que trabaja en el sector informal de la economía, que tiene mayores probabilidades de estar en la línea de indigencia o pobreza, en este sector no se cuenta con servicios de seguridad social y legal. Lo que es en la educación superior, se cuenta con un menor número de mujeres, quienes además están concentradas en carreras ligadas al trabajo reproductivo, las que son consideradas tradicionalmente carreras femeninas (enfermeras, secretarias, maestras). El origen de esta situación se encuentra determinado, entre otros factores por la forma de organización del trabajo. Las mujeres en sus diferentes estratos sociales y especialmente en el área rural, experimentan una problemática caracterizada por la cultura machista, situando a la mujer en una posición subordinada y de subvaloración de sus aportes al desarrollo del país. Por eso cuando se trata de la capacitación para el trabajo de la mujer no menciona necesidades para el mejoramiento de su vida, como educarse, mejorar su autoestima y contribuir con un mejor valor agregado a la familia y a la comunidad en general, ya que su trabajo lo consideran como ayuda. Esto incide que la mujer reciba menos salarios que los hombres, inclusive
en cargos similares. Cuando se trata de cargos organizativos de la comunidad,
partidos políticos, etc., acepta un rol muy tímido y se manifiesta
subordinación. De esta manera la sociedad cierra el cieculo vicioso,
mientras la mujer no se capacite y no se decida aceptar su aporte socieconómico.
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