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Porque fuimos formadas
en una sociedad (familia y escuela incluidas), que no valora a las personas
por sí mismas, sino por lo que deberían ser, según
parámetros y reglas preestablecidas.
A los niñ@s se les educa dentro de un marco específico, delimitado con metas que la sociedad ha determinado que son ideales. En el caso de la niña, por ejemplo, lo que se valora es su espíritu de sacrificio, su entrega, su abnegación. Es decir entre más alejada esté de sí misma, mejor. El problema radica en que, cuanto más alejada esté de sí misma, más necesidad tendrá de copiar, de ser como los demás o como los demás dicen que debe ser. Dentro de este cuadro, niños y niñas son blanco de las nefastas comparaciones: "Fijate que tu hermanito, tan obediente, vos tenés que ser como él", dice la mamá. "Carlita es buena estudiante, pero vos sos una haragana", dice la maestra. "¿Por qué no aprendés de tu hermana Luisa?, es excelente atleta", dice el papá. ¿Qué aprendemos con esto? ¿Qué equemas mentales quedan grabados en nuestra psiquis?... que la persona es aceptada y por lo tanto amada, en la medida que responde a una idea previamente concebida como buena, es decir, para que pueda amársele es necesario que sea buena niña, y es una buena niña si se sacrifica en bien de los hermanitos, los amigos o sus papás. Es un niño o una niña suceptible de ser querid@ "si obedece", es educad@ y saluda. En el caso de las niñas, estas grabaciones inconscientes son particularmente dramáticas. Muy pronto descubre que no importa cuanto se sacrifique, no logra que se le quiera lo suficiente. Es entonces cuando concibe la idea de que "algo anda mal en ella". No es lo suficientemente bonita. Es muy baja, está muy gorda, es demasiado morena, el cabello debería ser más ondulado, los ojos más grandes y los dientes más parejos. Si a esto, ya de por sí grave, le agregamos la idea básica con la que se le educa: "que por encima de cualquier objetivo que pueda tener en la vida, no será una persona completa si no se casa y tiene hijos". De esta manera, lo primero que tiene que hacer es conseguir marido... no importa lo que cueste, el aspecto físico cobra una importancia vital, cualquier otra cosa puede esperar. No estoy diciendo que procurarse una buena figura sea malo. El ejercicio, la comida sana, deben ser disfrutables. No tener grasa de más, tener elasticidad, vigor, energía, buen ánimo, son características a las que todo ser humano debería aspirar. El problema se presenta cuando intentamos lograr todo esto porque consideramos que con el aspecto físico que tenemos no somos personas merecedoras de cariño. Ante esto, comer un delicioso pastel, disfrutar de un buen helado, se convierte en fuente de sentimientos de culpa, desilusiones, sensaciones de fracaso y malestar. Ir al gimnasio se convierte en una pesada carga y subirse a una balanza una verdadera pesadilla. Las personas debemos ser importantes, aceptadas, amadas, simple y sencillamente porque existimos. Porque somos un milagro de la naturaleza. Porque sentimos. Porque somos suceptibles de amar y ser amad@s. Si estás tratando de lucir como tal o cual persona, sería bueno que examinaras tu nivel de autoestima, que analizaras el tipo de esquemas mentales que grabaste cuando niña. Porque es evidente que no te aceptas como eres, no te gustas. Los demás nos miran como nosotros nos miramos. Proyectamos en los demás la imagen que tenemos de nosotros mismos. Dejá que los demás manejen conceptos estereotipados de belleza y salud, vos no podrás cambiarlos, sólo podés cambiarte a vos misma. Si te aceptás, si te gustás, vas a trabajar por un cuerpo sano con optimismo. Vas a disfrutar del ejercicio porque lo estás haciendo porque querés, porque es bueno para tu salud, porque te sentís con más energías, con más ganas de vivir, porque más delagada te gustás más; y no porque tengas que ser como tu prima, como una modelo o como Cindy Crawford. Y algo muy importante, podrás comer ese delicioso chocolate sin
experimentar un sentimiento de culpa tan dañino para tu salud psíquica
y mental.
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