EDICION #44
 
ABUSO SEXUAL INFANTIL
Clemente De León
 
En estos días, cuando la coyuntura nacional nos invita a reflexionar acerca de los próximos comicios electorales, es un deber examinar con detenimiento las propuestas de gobierno que vayan encaminadas al fomento de la salud, no sólo física sino también mental, especialmente en la infancia y la juventud.

Es necesario que las autoridades de gobierno, organizaciones pro derechos del niño, la niña y la juventud, así como los educadores, estemos atentos a la problemática que vive la niñez y la juventud en nuestro país.

Esta problemática se ve reflejada en los niveles de escolaridad, ya que sólo el 60% de los niños tiene acceso a la misma. La mortalidad infantil es de 67 por 1,000 niños nacidos vivos, la tasa más alta de Centroamérica.

En los últimos años, las principales causas de la mortalida infantil han sido las bronconeumonías, desnutrición, cáncer y diarreas; pero el tercer lugar de mortalidad lo ocupan los homicidios, muchos de los cuales se dan dentro de los propios hogares como producto del maltrato infantil.

En Guatemala, el niño sigue siendo un ser desprotegido, muchas veces despreciado, humillado, obligado a resistir largas jornadas de trabajos con las cuales apenas cubre sus necesidades alimenticias. Uno de los maltratos que muy poco se mencionan en nuestra sociedad, es el abuso sexual, el cual pone en peligro la integridad de muchos niños y niñas que deambulan por las calles amargas de la indigencia, la discriminación racial, la desintegración familiar y el oportunismo psicopatológico de muchos adultos.

El abuso sexual infantil no sólo tiene lugar dentro de las familias desintegradas o grupos sociales marginados o de escasos recursos. Es una realidad que no respeta condición social, cultural o religiosa. Consiste en forzar a un niño a participar en una relación sexual contra su voluntad, muchas veces sin conocer o sin tener conciencia de las intenciones o manipulaciones del agresor. Generalmente, el agresor es una persona que tiene relación directa con el niño, ya sea dentro de la propia familia, grupo de amiguitos, en el colegio, o en el vecindario; en muchas ocasiones pueden ser los primos, hermanos y hasta el mismo padre.

Los daños ocasionados por el impacto de este tipo de abuso afectan áreas de la sexualidad, la confianza, la habilidad para modificar el mundo y la autoestima, especialmente los sentimientos.
Un niño o niña agredido generalmente se siente culpable, herido física y emocionalmente. Se siente triste. Se encuentra muy asustado por lo que pasó, o furioso por considerarse engañado, forzado. Experimenta impotencia por no poder golpear al agresor. También puede sentirse responsable por considerar que ha propiciado el abuso, o simplemente quiere huir, escapar para evitar el atropello.

Si somos observadores, podemos llegar a descubrir pistas que pueden indicarnos que un niño o niña está siendo abusado sexualmente. Manchas de sangre en su ropa interior, dolor al orinar, lesiones o sangrados en áreas genitales, problemas ginecológicos o gastrointestinales, secreción vaginal, hematomas en los glúteos, en la vulva o en los muslos, son algunas de las manifestaciones físicas que presenta un niño o una niña en estas condiciones.

En el aspecto psicológico un niño o una niña que está siendo objeto de abuso sexual puede llegar a mostrar los siguientes comportamientos:

    • La mayoría de las veces se vuelven niños o niñas introvertidos y callados.
    • Su rendimiento escolar baja de nivel y se muestran temerosos.
    • Se sienten culpables, motivo por el cual temen ser rechazados si los demás se enteran.
    • Generalmente no miran a los ojos. Su relación con sus padres es pobre, no hay mucho diálogo, sólo lo necesario.
    • Presentan comportamientos sexuales inapropiados, masturbación compulsiva, largos períodos de tiempo en el sanitario, juegos    sexuales con compañeros de su edad.
    • Tienen trastornos en el sueño. Sufren de pesadillas y depresión.
    • Los adolescentes tienen una pobre imagen corporal, se mantienen inconformes con su físico.
    • Se inician en diversas adicciones.
    • Se van generando algunas fobias, períodos de amnesia y relaciones conflictivas.
    • Se vuelven irritables y están muy atentos a lo que ocurre a su alrededor.
Es importante que tomemos en cuenta cómo podemos actuar en caso de descubrir un problema de abuso sexual. Nuestra disposición a escuchar y no a presionar, para que nos relaten lo sucedido. Ofrecer confidencialidad, apoyo y alianza el niño afectado. Creer en la persona ofendida y decirle que hizo lo correcto contándolo, que le creemos y que no se considere culpable ni sienta vergüenza por lo sucedido, que buscaremos la ayuda profesional necesaria para mejorar su estado anímico y que superará lo ocurrido.
 
Tomado de Siglo Veintiuno-Guatemala
 
 
 
 VOLVER AL MENU EDICION 44- NOVIEMBRE 1999