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MADRID (EFE).-
Las mujeres viven más que los hombres, pero en sus últimos
años tienen una calidad de vida mucho más baja a causa, principalmente,
de enfermedades crónicas como la osteoporosis, la artrosis o el
Alzheimer.
Según un estudio difundido en España, las mujeres y los hombres tienen la misma esperanza de vida en buenas condiciones, concretamente 67, 6 años, edad que marca el límite de "vida con buena salud" en los dos sexos. Los restantes años de vida, siete en los varones -que tienen una esperanza de vida de 75, 2 años-, y 14 en las mujeres -que pueden esperar vivir una media de 82, 4-, están marcados por problemas de salud que en la mayoría de los casos precisan de un importante apoyo familiar y social. El estudio, realizado por el Servicio Catalán de Salud, indica que las mujeres acuden al médico más que los hombres, nueve visitas de promedio al año frente a siete de los varones, si bien éstos son hospitalizados con más frecuencia. El motivo de que la mujeres visiten más al médico es que padecen más dolencias crónicas. El 68 por ciento de ellas padece alguna, frente al 56 por ciento de los hombres. Entre las enfermedades crónicas que afectan a las mujeres destacan la hipertensión arterial, la diabetes, la artrosis, el estreñimiento, las alergias, la depresión o el colesterol elevado. La osteoporosis o pérdida de masa ósea es también una dolencia que afecta más a las mujeres, como también lo son los problemas mentales, que a partir de los 65 años sufren el 20 por ciento de las mujeres, frente al 13 por ciento de los varones. Afirma el estudio que en el estado de salud de las mujeres influye mucho la clase social a la que pertenecen, y añade que las de clase social más baja sufren más problemas mentales y además en mayor proporción que los hombres. Según el informe, el 22 por ciento de las mujeres de clase social baja padece dolencias mentales frente al 15 por ciento de las mujeres de clase alta. También subraya que las mujeres de clase más desfavorecida
se benefician menos de la sanidad preventiva y son hospitalizadas con menor
frecuencia, aunque también tienen menos hábitos tóxicos
ya que consumen menos tabaco y menos alcohol.
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