EDICION #41
 
¡Cuánto me quiero!
  • Aceptarnos con nuestros defectos y virtudes es la clave de una sana autoestima
Adriana Herrera 

"No soy capaz de hacerlo", "Quizá lo haga mal", "No me gusta como soy", "Soy una inútil", son pensamientos típicos de una persona con una baja autoestima. 

El sentirse insatisfecho con su vida, con su trabajo, con su manera de hacer las cosas pueden ser las señales de que algo anda mal y de que se posee una escasa consideración de sí mismo.
Antiguamente se creía que las personas que se preocupaban por ellas mismas pecaban de narcisistas. Sin embargo, mantener el cariño por uno mismo y por los demás es una actitud sana que debe forjarse en un proceso continuo.

Es cuestión de analizarse, porque muchos miedos e inseguridades pueden ser provocados por la incapacidad de considerarse valios@. Miedo a sí mismo.

La autoestima es tan cambiante como la marea. Es probable que de pequeñ@s hayamos experimentado una autoestima satisfactoria, pero que en nuestra edad adulta esta se deteriore por muchas circunstancias.

No es algo que se adquiere y se permanece para siempre. Por ejemplo, en el trabajo, cuando la gente no valoriza lo que hacemos, no reconoce nuestras cualidades o cuando se sugiere que podemos ser fácilmente sustituidos, nuestra autoestima resulta lastimada.

Depresiones, frustración, una autoimagen negativa, sentimientos de inferioridad, inseguridad y sus consecuentes efectos físicos (colitis, insomnio, dolores de columna) son repercusiones de un problema que puede aquejar a cualquiera sean niños, jóvenes, adultos, ancianos, hombres o mujeres. 

La falta de seguridad en sí mism@ es uno de los síntomas de una baja autoestima. Por ejemplo, las personas que se comportan en exceso serviciales pueden hacerlo como una forma de ganarse el afecto de los demás, ese que ellas mismas no se tienen.

O por el contrario, individuos que se esconden bajo actitudes prepotentes, pero que en el fondo están ocultando inseguridades.

Esas actitudes no siempre son resultado de la interacción con los padres. 

Durante la edad adulta pueden surgir situaciones que hacen al individuo poner en duda su propia capacidad, como divorcios, separaciones, despidos.

Estos son vistos como fracasos cuando en realidad deben verse como errores. Es necesario analizar qué es ser exitoso y si uno no responde a eso, nace una lucha entre lo que sucede y lo que se piensa que es lo ideal.
 

Cambiar desde dentro
Lina Merens es una mujer que desde hace seis años dirige una serie de cursos en los que ayuda a otras mujeres a superar la baja autoestima. El curso llamado Nacer de nuevo, está centrado no sólo en el espíritu del individuo, sino también en su alma y en su cuerpo desde una óptica cristiana, como ella misma lo define.

"Por lo general, las personas no son conscientes de que tienen una baja autoestima porque no las han enseñado a conocerse a sí mismas. No conocen ni sus cualidades, ni sus debilidades. No saben lo que está mal", declara Merens.

Lina empezó a organizar los grupos cuando se dio cuenta de la necesidad que existía entre sus conocidas de reunirse y exteriorizar sus problemas.

Como es el caso de Marcela, una profesional que trabajó durante toda su vida como auditora, hasta que llegó el momento en el que no se sentía satisfecha de los que hacía, ni de cómo lo hacía.

"Estaba tan mal que quería dejar de trabajar. Me acostumbré a que mi esposo me ordenara y me exigiera muchas cosas, como que fuera perfecta y al no serlo esto me ocasionaba culpabilidad", explica.

"Me sentía mala esposa, mala madre, mala hija", continúa.

Algo similar le sucedía a Isabel, quien tuvo que enfrentarse a sus propios miedos y debilidades para aceptarlos como formas propias de su personalidad.

"Conforme me fui encontrando a mí misma, empezó a subir mi autoestima. Ya no me callaba por todo, ni me daba ansiedad. Ahora me siento mucho más tranquila, pero eso depende de mí", comenta.

En cuestión de autoestima, las únicas involucradas no son las mujeres, los hombres también pueden verse afectados.

Es el caso del padre de familia al que sólo se le ve como proveedor sin que se considere que puede aportar más a la relación familiar. Esto causa frustración en el hombre y el sentimiento de que su esfuerzo no es reconocido.

Aunque los hombres poseen muchos más mecanismos de desahogo para ese resentimiento.
 

Bienestar propio, no egoísmo
"Autoestima quiere decir que yo me estimo. Cuando uno la vive desde adentro aprende a estimar al que nos rodea. Si uno está bien, todo lo va a ver bien", explica el sacerdote Juan Luis Mendoza.
Mendoza quien también dedica parte de su tiempo a organizar charlas sobre el tema, diferencia el egoísmo de la autoestima, en que ésta es es una condición que beneficia a los demás.

"Si uno se tiene estima no tiene por qué estar dependiendo de los demás. Esta subordinación es un proceso que se inicia con el apego, este genera a su vez una dependencia. Más tarde surge la necesidad de aprobación o afecto y finalmente se convierte en una exigencia", explica Mendoza.
Estar conscientes de nuestra autoestima es reconocer los derechos que tenemos como seres humanos a una existencia sana y feliz.

Si la persona no es capaz de reconocer esto por ella misma, estos grupos de ayuda, como los de Merens, son muy importantes.

No obstante, si los problemas son más complejos es necesario y conveniente tratarlos con profesionales.
 

Apreciarse para apreciar
"La queja más común es que la gente tiende a echarle la culpa de sus males a los demás, cuando lo cierto es que el ser humano es capaz de reconstruirse y cambiar", señala el padre Mendoza. Es vital empezar el cambio en uno mismo. Estos consejos le pueden ayudar:
 
  •  Reconocer lo bueno que tenemos y hacerlo honestamente.
  •  Vernos en el espejo interno del alma.
  •  Aprender a conocernos y exteriorizar las cosas buenas que tenemos.
  •  No ser tan exigentes con nosotros mismos.
  •  Ser tolerantes con nuestros defectos.
  •  Pensar que siempre existe la necesidad del cambio.
  •  Tener el deseo, la constancia y la regularidad si se asiste a un grupo de apoyo.
  •  Tratar de desechar los sentimientos de frustración, desesperanza y actitudes negativas.
  •  Enfrentar las dificultades como errores y retos que nos harán aprender.
  •  No dudar en buscar ayuda cuando sienta que usted no sirve para nada.

 

 
 
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