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"No soy capaz de hacerlo", "Quizá lo haga mal", "No me gusta como soy", "Soy una inútil", son pensamientos típicos de una persona con una baja autoestima. El sentirse insatisfecho
con su vida, con su trabajo, con su manera de hacer las cosas pueden ser
las señales de que algo anda mal y de que se posee una escasa consideración
de sí mismo.
Es cuestión de analizarse, porque muchos miedos e inseguridades pueden ser provocados por la incapacidad de considerarse valios@. Miedo a sí mismo. La autoestima es tan cambiante como la marea. Es probable que de pequeñ@s hayamos experimentado una autoestima satisfactoria, pero que en nuestra edad adulta esta se deteriore por muchas circunstancias. No es algo que se adquiere y se permanece para siempre. Por ejemplo, en el trabajo, cuando la gente no valoriza lo que hacemos, no reconoce nuestras cualidades o cuando se sugiere que podemos ser fácilmente sustituidos, nuestra autoestima resulta lastimada. Depresiones, frustración, una autoimagen negativa, sentimientos de inferioridad, inseguridad y sus consecuentes efectos físicos (colitis, insomnio, dolores de columna) son repercusiones de un problema que puede aquejar a cualquiera sean niños, jóvenes, adultos, ancianos, hombres o mujeres. La falta de seguridad en sí mism@ es uno de los síntomas de una baja autoestima. Por ejemplo, las personas que se comportan en exceso serviciales pueden hacerlo como una forma de ganarse el afecto de los demás, ese que ellas mismas no se tienen. O por el contrario, individuos que se esconden bajo actitudes prepotentes, pero que en el fondo están ocultando inseguridades. Esas actitudes no siempre son resultado de la interacción con los padres. Durante la edad adulta pueden surgir situaciones que hacen al individuo poner en duda su propia capacidad, como divorcios, separaciones, despidos. Estos son vistos como fracasos
cuando en realidad deben verse como errores. Es necesario analizar qué
es ser exitoso y si uno no responde a eso, nace una lucha entre lo que
sucede y lo que se piensa que es lo ideal.
"Por lo general, las personas no son conscientes de que tienen una baja autoestima porque no las han enseñado a conocerse a sí mismas. No conocen ni sus cualidades, ni sus debilidades. No saben lo que está mal", declara Merens. Lina empezó a organizar los grupos cuando se dio cuenta de la necesidad que existía entre sus conocidas de reunirse y exteriorizar sus problemas. Como es el caso de Marcela, una profesional que trabajó durante toda su vida como auditora, hasta que llegó el momento en el que no se sentía satisfecha de los que hacía, ni de cómo lo hacía. "Estaba tan mal que quería dejar de trabajar. Me acostumbré a que mi esposo me ordenara y me exigiera muchas cosas, como que fuera perfecta y al no serlo esto me ocasionaba culpabilidad", explica. "Me sentía mala esposa, mala madre, mala hija", continúa. Algo similar le sucedía a Isabel, quien tuvo que enfrentarse a sus propios miedos y debilidades para aceptarlos como formas propias de su personalidad. "Conforme me fui encontrando a mí misma, empezó a subir mi autoestima. Ya no me callaba por todo, ni me daba ansiedad. Ahora me siento mucho más tranquila, pero eso depende de mí", comenta. En cuestión de autoestima, las únicas involucradas no son las mujeres, los hombres también pueden verse afectados. Es el caso del padre de familia al que sólo se le ve como proveedor sin que se considere que puede aportar más a la relación familiar. Esto causa frustración en el hombre y el sentimiento de que su esfuerzo no es reconocido. Aunque los hombres poseen
muchos más mecanismos de desahogo para ese resentimiento.
Mendoza quien también dedica parte de su tiempo a organizar charlas sobre el tema, diferencia el egoísmo de la autoestima, en que ésta es es una condición que beneficia a los demás. "Si uno se tiene estima no
tiene por qué estar dependiendo de los demás. Esta subordinación
es un proceso que se inicia con el apego, este genera a su vez una dependencia.
Más tarde surge la necesidad de aprobación o afecto y finalmente
se convierte en una exigencia", explica Mendoza.
Si la persona no es capaz de reconocer esto por ella misma, estos grupos de ayuda, como los de Merens, son muy importantes. No obstante, si los problemas
son más complejos es necesario y conveniente tratarlos con profesionales.
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