EDICION #40
 
"Mi papá es el mejor"
 
EL HOMBRE MODERNO ESTA APRENDIENDO UNA DE LAS TAREAS MAS IMPORTANTES DE SU VIDA: LA DE EDUCADOR DE SU PROPIO HIJO. CUIDAR Y JUGAR CON SU BEBE ES UN GRAN PLACER PARA EL PADRE DE HOY.

El niño, desde que nace, sabe distinguir bien el papel que juegan en su vida "mamá" y "papá", pero desea recibir de ambos amor y atención por igual.

Solamente una o dos décadas atrás, la estructura de la familia promedio en nuestra sociedad estaba organizada de una manera rígida, que provocaba un acercamiento mayor del niño hacia la madre que hacia el padre, pues desde debito éste pasaba mucho más tiempo  al lado de la figura materna.

Afortunadamente, el propio desarrollo social ha traído cambios muy positivos para estos tres importantes miembros de un núcleo familiar. Ahora "papá" está más vinculado a las responsabilidades directa para con el pequeño y "bebé" disfruta de ambos parejamente.

Por ejemplo, uno de los primeros pasos que han logrado un mayor acercamiento entre el padre y el niño es, sin lugar a dudas, el hecho de que los hombres están participando, cada día más, en los deberes de la etapa del embarazo de la mujer.

El hombre moderno hoy día asiste junto a su mujer a clases especializadas, donde le orientan a ella cómo enfrentar las horas del parto. Es frecuente ver a un matrimonio haciendo juntos los ejercicios respiratorios que deberá realizar la esposa cuando lleguen las contracciones.

La presencia del futuro "papá" durante todo el proceso del parto, es otro de los elementos que han ayudado a un acercamiento más directo entre padre e hijo, ya que generalmente el hombre, tras ver con sus propios ojos los duros momentos que pasa su esposa durante el parto, se sensibiliza aún más y mejor con todas las responsabilidades inherentes a la formación del niño.

También está siendo frecuente en nuestros días la participación masculina en cursos de paternidad, para hombres que serán padres por vez primera. Ellos tienen que aprender a captar las necesidades de sus hijos, para desenvolverse en la tarea más importante: la de educador.
Se conoce que durante los dos primeros años de vida de un pequeño, la posición del padre en la familia es delicada. No podemos olvidar que, generalmente, es la madre quien pasa casi todas las horas del día junto al bebé.

Sin embargo, el hombre se está despojando de sus ataduras "machistas", y con el mismo desarrollo de la vida, él se integra más a la tarea doméstica, a la cooperación en las responsabilidades familiares y a la propia educación del hijo.

Ya no es extraño observar en la mañana como muchos pequeños van colgados de la mano de su padre, camino a la guardería infantil o hacia sus escuelas. No es raro ver a un hombre haciendo la factura semanal en un supermercado, con su bebé en la cesta del carrito de los alimentos. Escenas así ya no nos hacen girar nuestra cabeza; son imágenes comunes, cotidianas.

El niño necesita ese contacto directo y frecuente con el padre. Cuando la figura paterna no es constante en su universo, el pequeño tiende a visualizar a su progenitor bajo el prisma de la autoridad. Si bien el principio de la autoridad es factible en la comunicación  entre ambos, ésta no debe ser basada en órdenes, por una parte, y en obediencia, por la otra. La relación padre-hijo debe ser voluntaria, no forzada.

A partir de sus seis años de vida, el muchacho comienza a escaparse un poco de las manos de la madre. Empieza a ser más independiente, y como reacción a este fenómeno, intuitivamente busca el apoyo del padre. Llegada esta etapa, el niño desea ver en su padre una imagen parecida a la de cualquiera de sus amiguitos.

Para que el niño pueda ser satisfecho durante este período, depende mucho de que su padre anteriormente haya cultivado una relación amistosa con él. Finalmente, ambos serán los beneficiados, pues ¿qué padre de este mundo no ha disfrutado alguna vez haciendo un papel de superhéroe en la película de ficción que protagoniza la fantasía de su pequeño?

El padre esta relación fluya y sea sólida, afectuosa y espontánea, basada en el amor y el respeto por ambas partes, el hombre debe ser como un paciente y esmerado cultivador que recibirá su fruto un inesperado día, cuando escuche furtivamente que su hijo le dice a un amiguito: "Mi papá es el mejor..." 

Natacha Herrera
 
 

 
 
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