EDICION #40
 
Dispersante inquietud
 
Buena Salud
Sinónimo de déficit atencional, la hiperactividad en los niños se puede tratar y disminuir.
Christopher Barquero

Imagínese a un niño que no se está quieto ni un minuto. Tiene dificultad para quedarse sentado. Desde que se levanta parece que estuviese compitiendo en una maratón. Va de un lado a otro como un torbellino tocando lo que se ponga por el camino. En la escuela se distrae con facilidad. No logra mantener la atención. Le cuesta esperar su turno en los juegos. No puede seguir instrucciones. Responde bruscamente. Por lo general, su interés está en todo, menos escuchando a la maestra. El silencio no se lo han presentado y no escuchan lo que se le dice. Habla demasiado. Cuando regresa a la casa prende la televisión. La apaga. Toma un juego. Se aburre...

La descripción anterior podría extenderse aún más, pero, en resumen, es reflejo del comportamiento de un niño hiperactivo con déficit atencional. Una de las principales causas del fracaso escolar.
 

¿SIEMPRE EN LA LUNA?
Según la especialista en sicología clínica Saray González, este trastorno se puede definir como un inadecuado, inconsistente y poco efectivo uso de las habilidades para enfrentar las expectativas escolares, la familia o el medio social.

Unida a esta inconsistencia de atención está una hiperactividad motora, son niños o personas (en algunos casos) que no pueden estar sentadas ni queditas por más de medio minuto.
Entre las características que se asocian con el déficit de atanción por hiperactividad está la distracción, dificultad para inhibir los estímulos del ambiente, pero además son niños muy emocionales, impulsivos, que actúan y luego piensan.

"Es el típico niño que interrumpe la clase para decirle a la maestra que su padre está de viaje. O se distrae con una mosca que le pasa en frente. Esto no quiere decir que todos los niños que se distraen tienen déficit atencional, ni tampoco que sean tontos. Por lo general, cuando se regula esa inhabilidad para concentrarse dejan ver que son bastante inteligentes", comenta González.

"En algunas ocasiones vuelven locos a los padres, a la maestra y quienes los cuidan. Y estos no saben atenderlos adecuadamente, por lo que los castigan por no atender en clase o porque simplemente su inquietud es sinónimo de algunas torpezas. Entonces aparecen episodios depresivos, pues se sienten abrumados por las exigencias de los demás. Se sienten fracasados, se aíslan del grupo porque los otros se burlan de ellos. Todos esto se refleja en una imagen negativa de él y con ello un problema secundario qeu es la autoestima, tienen mal concepto de ellos mismos, se creen torpes, todos e incapaces.

Tienden a autocalificarse mal pues están convencidos de sus torpezas, por la intensidad y rápidez con que manejan los movimientos.", agrega la especialista.

Ahora bien, diagnosticar a un niño con este trastorno no es fácil. Al fin y al cabo la mayoría de los pequeños suelen ser inquietos.

Incluso puede ser que el niño no esté rindiendo como se quisiera por causa de un problema del entorno familiar o social.

Sin embargo, algunos expertos consideran que existe un trastorno mental de inatención e hiperactividad -o en algunos casos, solamente de inatención- que se debe en buena medida a causas biológicas innatas.
 

CAUSAS Y CONSECUENCIAS
En 1990, un estudio publicado en el New England Journal of Medicine reveló algunas diferencias biológicas notables entre personas que habían sido diagnosticadas como víctimas de esta deficiencia mental y personas sanas. En el cerebro de los individuos que padecían el trastorno, pro déficit de atención con hiperactividad, se descubrieron niveles bajos de glucosa en la región que se ocupa de regular la concentración, la inhibición y el control de la facultades motoras.

También se ha descubierto que este problema es especialmente común en ciertas familias. Según consta en un artículo del suplemento Salud del diario español El Mundo, investigaciones del psicólogo Russell Barkley, de la Universidad de Massachusetts, demuestran que 40 por ciento de los niños con déficit de atención e hiperactividad tiene un padre que sufre este mismo trastorno, y un 35 por ciento  tiene un hermano gemelo idéntico, este porcentaje asciende hasta el 92 por ciento.

Saray González dice que, al menos en algunos casos, el desorden de inatención e hiperactividad se debe a factores genéticos heredados, que predisponen a ciertas personas a padecerlo.
Sin embargo, hasta ahora el gen o los genes en cuestión no se han descubierto. Lo que sí parece estar claro es que el problema es más común entre los varones y que se puede combatir con ciertos fármacos.
 

LA SALIDA
Para González, tanto el déficit de atención como la hiperactividad no son problemas que se solucionen únicamente con medicamentos, sino que requieren la búsqueda de raíces psicológicas en cada persona. "Con frecuencia este tipo de comportamientos se debe a que una persona está ansiosa por algún motivo. Hay que conocer el motivo de esa ansiedad, que puede deberse, por ejemplo, a un problema en su familia, para saber cómo ayudar a la persona con un buen tratamiento psicoterapéutico."

Por eso se deben reforzar as áreas fuertes o aciertos que ellos tengan, aunque sea una, y darles responsabilidades, que ellos manejen un control en algunas áreas, como comprometerse a hacer la tarea en la escuela. Se recomienda que el maestro los tome en cuenta, que sobresalgan por algo positivo, pues, por lo general, lo hacen, pero por aspectos negativos. Pueden ayudar a otros compañeros o hermanos y demás.

No obstante, algunos estudios han demostrado que en el 70 por ciento de los casos, y cuando se hace necesario, el uso de fármacos psicoestimulantes, como la Ritalina, ayuda a reducir su hiperactividad y a concentrarse. Esta droga le permite fijar su atención en las tareas que debe realizar y, al mismo tiempo, disminuye su inquietud corporal.

Sin embargo, también está claro que se puede abusar de estos medicamentos, y que a veces resulta peor el remedio que la enfermedad. La Ritalina, tal vez provoque efectos secundarios como la pérdida de apetito, el insomnio y la aparición de tics.

Tampoco es cuestión de abusar y hacer lo de algunos padres, que presionan a los médicos para que receten medicamentos a sus hijo, con tal de tenerlos calmados.

Lo ideal, según González, es que los padres acudan a un neurólogo o al siquiatra y soliciten una valoración completa para saber si es necesario el medicamento.

Lo anterior es conveniente pues hay niños que solamente son dispersos por inmadurez emocional o biológica, y si se les receta un medicamento se habitúan a este.

Además, todos los expertos señalan que el uso de fármacos nunca es suficiente para combatir este problema, sino que debe combinarse con otras estrategias terapéuticas y educativas.
A estos niños se les debe dedicar una atención especial tanto en casa como en lo colegio, para que aprendan a organizarse, por ejemplo usando una agenda en la que escriban una lista de sus tareas diarias.

Se les debe sentar siempre en las primeras filas del aula para que no se distraigan con facilidad, y hay que animarlos mucho cuando hacen las cosas bien.

También hay que considerar que es frecuente que los problemas no desaparezcan tras la infancia y la juventud. Muchos adultos continúan sufriendo estos mismos síntomas. Los que tienen suerte logran  controlar su hiperactividad por medio del deporte u otras actividades de relajación física. Sin embargo, muchos siguen padeciendo, en el mundo laboral, los mismos problemas que enfrentaron en la escuela.
 

EL DEPORTE
Una buena opción para canalizar la hiperactividad
El ejercicio es una excelente manera de canalizar la energía motora en niños hiperactivos. Los especialistas recomiendan los deportes de mucho movimiento. No obstante, se deben tener ciertas consideraciones pues en el caso de los deportes de contacto como el fútbol, voleibol y baloncesto pueden tomar represalias contra los miembros del grupo que no poseen la misma energía que ellos y, además, volverse agresivos.

Es aconsejable un entrenamiento individual previo, para que el niño desarrolle las destrezas de las disciplina y sepa las reglas del juego. 

Recuerde también que los niños hiperactivos con déficit de atención suelen padecer algún tipo de ansiedad y es mejor que la canalicen por medio del ejercicio y no comiendo, como ocurre en algunos casos. Esto porque con la comida puede agravarse aún más el problema al tener que enfrentar también sobrepeso.
 

 

 
 
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