| Adiós al castilo
¿Qué
hacer cuando los hijos entran en la adolescencia?
MARJORIE ROSS
Hemos
dicho ya que la íntima relación entre mente y cuerpo cada
vez se pone más en evidencia. Cuando somos infelices o estamos demasiado
estresados, somatizamos nuestras tribulaciones y, literalmente, nos enfermamos.
Por eso no basta con hacer ejercicios y aplicar una dieta equilibrada,
para estar en forma, y dar calidad a nuestra vida. También tenemos
que tener nuestra cuota de felicidad, y esta está muy relacionada
con la de los otros miembros de la familia.
Cuando los chiquitos se comienzan
a hacer grandes y, en un segundo, entran en esa etapa, a menudo aterrorizante,
que se llama adolescencia a veces no estamos bien preparados y empiezan
las tensiones. si ser padres siempre es difícil, y una labor para
la que se necesita un entrenamiento serio y adecuado, serlo de los que
están pasando por lo que popularmente se llama de edad del pavo,
es todavía peor. Sin embargo, al irse transformando los niños
en jóvenes, continuamos aplicando el mismo modelo, de crianza y
de relación con ellos, que nuestros propios padres usaron.
COERCION CONTRA LIBERTAD
La Msc. Ana Leticia Rodríguez,
experta en salud mental familiar, especializada precisamente en educación
de padres, dice que "ese modelo, basado en la autoridad coercitiva y la
educación represiva de los hijos, primero genera conflictos y luego
distanciamiento entre padres e hijos". Los progenitores, en su opinión,
sienten que los hijos cambian y se les "escapan de las manos", sin que
ellos puedan acercárseles, tratándolos con comprensión
y apoyándolos en el difícil tránsito a la edad adulta.
Mientras que los papás
piensan que en el área de cuidados y de atención de la salud
física hacen bien su labor, las herramientas no les resultan igualmente
eficaces cuando se trata del desarrollo psicólogico y afectivo de
los jovencitos.
HACER LO QUE SE PUEDE
Muchas parejas hacen lo
que pueden por llevarse bien con sus adolescentes. No escatiman dinero,
energía ni esfuerzo; les dan buenos alimentos y la ropa que piden;
los matriculan en los mejores cursos complementarios; y se efuerzan para
que vayan a buenos colegios.
"Hasta soportan un alto nivel
de ruido cuando escuchan o practican su música; asisten a las reuniones
en el colegio y tratan de poner en práctica lo que los orientadores
les aconsejan", amplía Rodríguez. "A pesar de todo esto,
muchos de ellos reportan frustración por la inexplicable conducta
de los adolescentes. Fracasan en los estudios, son rebeldes ´incorregibles´,
contestan en forma agresiva, pecan de vagancia o son desordenados. Algunos,
que como niños fueron dóciles, se vuelven irritables, caprichosos
y poco cooperativos a los trece o catorce años". Esa realidad hace
que los padres se pregunten qué es lo que están haciendo
mal.
IMPORTANTE LECCION
Muchas veces lo que ocurre
es que los padres no están conscientes de que los cuidados directos
terminaron ya, y que desde lejos, deben observar y apoyar a sus hijos adolescentes,
quienes, cada vez más maduros, irán formando su propia vida.
Estas palabras pueden sonar muy duras, ya que cuesta mucho ir soltando
a los hijos, educados como estamos en el modelo patriarcal y autoritario
de socialización. Sin embargo, la Msc. Rodríguez es enfática
en afirmar que "el adolescente normal tiene como principal tarea la de
buscar un sentido de identidad personal, y para lograrlo tiende a separarse,
tanto física como emocionalmente de su familia. Si los padres no
están listos para que ellos ´se echen al agua´y empiecen
a nadar por su cuenta, sus hijos no construirán su dimensión
personal de vida".
CONFLICTO GENERACIONAL
El adolescente se vuelve
intransigente y determinista. Aunque su pensamiento es racional y con capacidad
de síntesis, puede ser simplsita, lo que lo lleva a radicalizarse.
Si los padres actúan en forma madura, la situación se supera.
Si, por el contrario, por las vicisitudes que les haya tocado vivir, los
adultos son todavía inmaduros, el hogar amenaza convertirse
en un campo de batalla, de adolescentes contra adolescentes.
La Msc. Rodríguez
piensa que "se debe poner énfasis en el respeto a los demás
y no en el poder coercitivo o la imposición de la voluntad de los
padres. Debe respetarse la dignidad del joven y no emitir juicios y condenas
contra él. Debe favorecerse la comunicación entre padres
e hijos. Hay que formentar las emociones positivas (esperanza, cooperación,
disciplina), enfrentando a los muchachos con las consecuencias negativas
o positivas de su conducta, y no provocarle rabia, venganza y odio a través
del regaño constante, del control absoluto del castigo corporal".
Para doña Ana Leticia,
es necesario eliminar, incluso del vocabulario de la familia, a nivel simbólico,
a nivel subconsciente, la palabra castigo. "Hacerlo así", en palabras
de Rodríguez, "nos ayudará a educar en el ejercicio de la
libertad a nuestros hijos".
REGLAS
Reglas
para lograr armonía entre padres y adolescentes
. Los padres deben ser respetuosos
de las pertenencias personales de los hijos, incluyendo diario de vida,
mensajes y obsequios de amigos y de "la persona amada". Quienes irrespeten
estos objetos, ponen en riesgos la confianza y hasta el afecto de los menores.
.Reconocer que el desorden
del dormitorio en los primeros años de la pubertad es transitorio,
y negociar con ellos algunas reglas que permitan controlar los excesos.
. Hacer que los hijos se
sientan queridos. Cuando hay que corregir, darle duro a la conducta, pero
no a la persona con cuya acción estamos en desacuerdo.
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