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Instituto de Estudios Sociales La Haya, Holanda (parte III) Mujeres y desarrollo
Fuera cual fuera el enfoque más influyente del período, la mayoría de las estrategias de desarrollo se preocuparon fundamentalmente, en general, de ampliar el ámbito del mercado. En este proceso las mujeres de las clases más pobres, que eran en general, las responsables del cuidado de los miembros del hogar, tuvieron grandes dificultades para satisfacer sus necesidades. Existe suficiente documentación para demostrar que el aumento de productividad agricola mediante el estímulo de la producción de cosechas para el mercado (cash-crop) perjudicó a las mujeres pobres de muchas formas. Jacobson demostró que en algunos casos los terrenos "comunales", que eran usados por las mujeres para la producción de subsistencia, les fueron arrebatados y su control pasó a manos de los hombres, que estaban encargados de la producción de cosechas para el mercado. A las mujeres con frecuencia se las obligaba a trabajar con peones con bajos salarios, ya que en la sociedad local casi nunca se tomaban en cuenta las relaciones de poder entre los sexos, y si se tomaban en cuenta de manera favorable era para conseguir mano de obra barata. Y en casi todos los casos ellas tenían que trabajar más horas que antes, ya que de alguna manera debían encontrar la forma de satisfacer las necesidades de subsistencia del núcleo familiar. Esto significó un empeoramiento en la calidad de vida para la mayoría de los hogares pobres, se redujo la cantidad y calidad de las tierras bajo control de las mujeres, el cultivo excesivo de la tierra disponible o poco apta para la agricultura incrementó los daños al medio ambiente y disminuyeron las posibilidades de que las mujeres pudieran proporcionar una subsistencia adecuada a su familia. Al mismo tiempo, aumentó la carga de trabajo para las mujeres, lo cual provocó problemas de salud. Esta estrategia -ciega ante las cuestiones de género- de aumentar la productividad agricola se hizo en detrimento de las mujeres pobres y del medio ambiente. Ni siquiera los programas dirigidos hacia las mujeres del sector informal, tomaron en cuenta las diferentes actividades necesarias que llevaban a cabo estas mujeres en el hogar y por lo tanto redundaron en un aumento de la carga para ellas. El trabajo doméstico a domicilio o dentro del hogar fue visto como una manera de obtener ingresos pero se añadió a las otras tareas de producción y reproducción en el hogar. En este proceso, algunos aspectos del desarrollo "Insostenible" mencionados al comienzo de la ponencia llegaron a convertirse en su legado. Actualmente, los programas de ajuste estructural de los años 80 que se realizaron principalmente bajo el asupicio del FMI también han tenido efectos perjudiciales sobre las capas más pobres de la sociedad de los países en desarrollo y en particular sobre las mujeres de esos grupos. La justificación de los Programas de Ajuste Estructural (PAE) es esencialmente lógica neoclásica, donde el libre mercado se considera el más eficaz distribuidor de los recursos. George ha señalado que éstos fueron esencialmente mecanismos mediante los cuales se obligó a que los trabajadores de esos países pagaran la deuda que los gobiernos habían contraído con los bancos privados. Los elementos del ajuste estructural (entre otros el recorte de los gastos en servicios sociales, devaluación de la moneda, eliminación de subsidios especialmente a los alimentos y otros bienes esenciales, restricciones salariales, etc.), que tienen implicaciones graves para la salud y la supervivencia de la gente pobre, estaban acorde con la filosofía neoclásica de promover el libre mercado. Se le dio poca o ninguna importancia a la división sexual del trabajo, a las relaciones de poder entre los sexos en la sociedad y al papel y significado de la producción fuera del mercado en estas economías. Las mujeres, que estaban fundamentalmente a cargo de satisfacer las necesidades de los hogares pobres, tuvieron que soportar la carga más pesada de las medidas de ajuste, lo cual se reflejó en la reducción de sus ingresos y el empeoramiento de su salud, educación y carga general de trabajo. En este proceso, las mujeres
han tenido que enfrentar no sólo las tradicionales estructuras patriarcales
de su propia sociedad, sino también los problemas de discriminación
y marginación inherentes a las llamadas estrategias de desarrollo.
Los prejuicios de clase y sexistas de ellas, cuando luchaban por hacer
frente a los problemas que eran deficiencias de un marco de análisis
económico que no tomaba en cuenta de manera adecuada su papel en
la sociedad. Este marco, como se mencionó antes, dependía
mucho de un sistema de valoración en el que no existían las
clases, era ciego ante el género y orientado al mercado, pero sin
embargo se aplicó con pocas reservas en los países en desarrollo
como parte de su proceso de "modernización".
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