EDICION #39
 
 La nueva maternidad
Antes, durante y después del embarazo
Gabriela Abihaggle
Las transformaciones comienzan durante el embarazo, cuando la idea de familia se vislumbra como una imagen potencial. Es entonces cuando irrumpen los cambios físicos.

Quien haya pasado por la experiencia no necesita que se lo cuenten. Tener un hijo es un giro enorme en la vida de cualquier mujer que, inevitablemente, llega acompañado de cambios importantes y, por lo tanto, necesita de un ajuste a la nueva situación.

Las transformaciones comienzan durante el embarazo, cuando la idea de familia se vislumbra como una imagen potencial. Es entonces cuando irrumpen los cambios físicos.

"Aunque no todas las mujeres son iguales y algunas no pasan por ninguno de los síntomas normalmente se pueden esperar vómitos, mareos y mucho cansancio para el primer trimestre", en el segundo (trimestre), el embarazo se estabiliza y hay más energía. Pero en el tercero, vuelve la fatiga y se hinchan los pies, las manos, la cara y los senos; la mujer tiene dificultad para caminar, sentarse y acostarse (sobre todo en las últimas semanas) y, a veces también se presentan cuadros de acidez estomacal y dolores de cabeza.

Mientras el cuerpo experimenta esas modificaciones, la siquis va asimilando esta nueva realidad.
"Hay mujeres que se sienten más lindas y su libido (deseo sexual) aumenta. Otras, en cambio, se sienten feas y gordas y todo lo miran con un cristal negativo. No se arreglan, no quieren salir y disminuye su líbido, por lo que no quieren tener relaciones sexuales con el marido".

La depresión post parto
Después del parto, los sentimientos de las madres recién estrenadas son mixtos. "Si en el parto todo sucedió como la mamá lo anticipaba, el sentimiento es de felicidad y realización. Cuando eso no ocurre, es muy común que la madre no quiera saber nada del recién nacido hasta dos o tres horas después del alumbramiento".

Este fenómeno se conoce como taking in face y la mayoría de quienes atraviesan por él nunca hablan abiertamente del asunto. En esas horas, la madre sólo desea concentrarse en sí misma, hasta que por fin vuelve a pensar en el bebé.

"Tres o cuatro días después comienza lo que usualmente se conoce como "bebés azules" o depresión post parto, una depresión suave que se extiende hasta la primera o segunda semana de vida del bebé.

Esta etapa se caracteriza en la madre por el llanto muy seguido (y no siempre con una razón entendible), cansancio o falta de energía; insomnio o problemas para dormirse a pesar de despertarse muy temnprano en la mañana; concentración pobre, confusión o distracción; irritabilidad sin motivo aparente; disminución del apetito y pérdida rápida de peso -o hambre excesiva con incremento de peso no querido o necesitado.

¿A qué se debe esto?... tiene que ver con la inserción de la mujer en la vida real: "Mientras estaba en el hospital, la madre estaba acompañada. En su casa, ya no tiene al esposo, ni las visitas, ni las atenciones de los primeros días. Su hijo llora y no sabe cómo calmarlo; los senos empiezan a llenarse con leche y se le endurecen, provocándole dolor y fiebre.

Todavía está muy gruesa y por tanto no le serve la ropa. En conjunto, todo le produce un estado de desencanto difícil de sobrellevar"

Una salida común
"A veces las madres abren los ojos, ven ante ellas una criatura y sienten una responsabilidad enorme y que no tienen las habilidades previas para enfrentar esa situación".

Para agravar el problema, cada vez es menos común que las familias colaboren como antes con las madres. "Observamos que estamos viviendo una época en que los sistemas de apoyo tradicionales se erosionan y los abuelos y tíos, que en otros tiempos, en nuestros países de América Latina, hubieran ayudado más, ahora están trabajando y no pueden cumplir con ese papel".

Guadalupe Prado, (34 años) tuvo su primer hijo hace 11 meses y hace seis meses que asiste a todos los encuentros del grupo Primer año de los Bebés. "Ir me ayuda a no sentirme sola y a darme cuenta que lo que me sucede es común, que no estoy haciendo mal las cosas", afirma. 

Pero para Prado, lo más importante es que las charlas le permiten disminuir su nivel de ansiedad respecto a la salud y bienestar de su hijo: Cuando nace un bebé, uno se fija en cada cosa que hace o deja de hacer y en el grupo conversamos sobre lo que es normal en el comportamiento de los bebés en cada etapa".

Lo mismo piensa Lisa Jiménez (30 años), quien desde octubre no deja de acudir a ninguna sesión junto con su pequeña Natalia (15 meses). "Pasé unos "babies blues" terribles, porque no dormía nada. Lloraba y lloraba hasta que empecé a salir y asistir al grupo, donde puedo compartir experiencias con otras mujeres que han pasado por lo mismo", asegura.

La clave del éxito para atravesar mejor este tiempo de ajuste a la maternidad, es no encerrarse aún más en la tristeza. Clarisa Flores, partera, aconseja salir de la casa durante un par de horas y dejar al bebé con alguien de confianza.

"Es muy importante también tener expectativas realistas. Reconocer los cambios y ser paciente. Hay mamás que se sienten frustradas o piensan que han fallado porque querían un parto natural y tuvieron que hacerle césarea o porque los bebés no están mamando bien o porque tienen cólicos, opina.

En algunos casos, los "babies blues" evolucionan hacia una depresión severa de post parto.
La diferencia entre ambos es que en la depresión severa la mujer no está motivada para hacer nada, llora mucho más y el cuadro en lo general es más largo (más de tres semanas) y más fuerte. En una depresión severa además de ansiedad se experimentan sentimientos de vulnerabilidad, de que hay algo malo con sus habilidades de ser madre. En estas situaciones, es imprescindible consultar con un especialista.
 
 

 
 
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