EDICION #39
 
 LAS MUJERES Y EL CRECIMIENTO ECONÓMICO SOSTENIBLE

(parte II)
Rachel Kurian
Instituto de Estudios Sociales 
La Haya, Holanda

Dos conceptos importantes en la economía neoclásica que se usan para explicar las diferencias de valor (salarios) del trabajo en el mercado son las "destrezas" y la "productividad". La aparente neutralidad de género del lenguaje no pone en duda las prácticas discriminatorias como la base de que las mujeres estén situadas generalmente en categorías inferiores de "destreza" (o, para seguir adelante con su argumento, porque a las mujeres se les dan menos oportunidades de educación). 

La división sexual del trabajo intensivo, repetitivos, que requieren mucho tiempo y generalmente bajo supervisión masculina, se justifica con el argumento de que las mujeres están "poco calificadas". Existen muchos estudios que contradicen este argumento y demuestran que este fenómeno refleja un prejuicio contra el trabajo femenino. De hecho, Goldin ha afirmado que el dominio de un trabajo por un sexo da pie para un "aura de género" con el tiempo. En todo caso, este marco de análisis no reconoce la capacidad y "destrezas" que se han adquirido a través de la experiencia y practicado en la organización del hogar. En el mismo sentido, Philips y Taylor sugieren que:

...la clasificación de los puestos que ocupan las mujeres como poco calificados y la que ocupan los hombres como calificados o semi calificados, con frecuencia tiene poca relación con el grado verdadero de entrenamiento o destreza requeridos para los mismos. Las definiciones sobre qué es una destreza están simplemente saturadas de prejuicios sexuales. El trabajo de las mujeres es a menudo calificado de inferior simplemente porque lo realizan mujeres. Las mujeres trabajadoras llevan a su lugar de trabajo su estatus de individuos subordinados y ese estatus viene a definir el valor del trabajo que realizan. Lejos de ser un hecho económico objetivo, las destrezas son a menudo una categoría ideológica impuesta sobre ciertos tipos de trabajo en virtud del sexo y el poder de los trabajadores que lo llevan a cabo.

En este proceso de valoración el tema de la distribución ocupa un lugar destacado. Dentro de ese contexto, el acceso al dinero o a la paga es lo que parece ser la justificación del derecho a participar de esta riqueza. Los que "trabajan" (aquellos involucrados en una actividad remunerada) tienen una especie de derecho a compartir los recursos (el salario), pero aquellos que no participan de esta intervención en el mercado son privados de tal participación. Aunque algunos países otorgan un tipo de subvención para el cuidado de los niños, eso no es de ninguna manera un reconocimiento de las numerosas actividades que las mujeres realizan en le hogar.

El predominio del mercado en la economía neoclásica también margina las actividades del llamado sector informal. Aunque las mujeres históricamente han sido dominantes en este sector, este proceso se incrementa en los años ochenta. Antrobus señaló que en el sector informal las mujeres trabajan como productoras de alimentos, comerciantes, trabajadoras en el hogar, trabajadoras domésticas, recicladoras de desehechos, prostitutas, etc., "cualquier cosa con tal de tener un ingreso para alimentar a sus hijos", y que el mismo constituye "la última esperanza de supervivencia económica y social para ellas y sus familias".

El supuesto de que el marco de cambio está orientado hacia las actividades del "hombre" es básico para todo este discurso sobre crecimiento económico (y también para el desarrollo, como ya veremos). Ya sea que esta idea sugiera fuera intencional, es claro que ha perpetuado una estructura prejuiciada de cambio y valoración. La excusa de su neutralidad no tiene ningún valor en el análisis económico y social. No obstante, es asombroso encontrar esta idea (con todo su sesgo discriminatorio) en el pensamiento actual aparentemente más progresista. Un ejemplo de esto es un reciente documento publicado por la Oficina de Planificación Central de los Países Bajos, que está lleno de la idea del predominio del "hombre" como protagonista central y único de la economía mundial. El documento discute tres perspectivas detrás del desarrollo económico que reflejan la amplia "representación del hombre", el hombre racional, el hombre cooperador y el hombre competitivo (el subrayado no es mío).

En un nivel más fundamental, el sistema de contabilidad del crecimiento se basa en el Sistema de Cuentas Nacionales de las Naciones Unidas (United Nations System of National Accounts) (UNSNA). En su sagaz análisis de la historia y funcionamiento de esta medida, Waring demostró que las personas involucradas en su elaboración, selección de los hechos y su uso en las políticas públicas, tenían otras motivaciones aparte de la elaboración de un mecanismo de control sobre la actividad económica de un país, Waring relaciona su desarrollo y uso directamente con la guerra y los planes de post guerra. Según esta autora, los cálculos sobre ingreso siguen siendo una evaluación de "cómo pagar mejor la guerra". En sus críticas a ese sistema de contabilidad destacó que: Con pequeños cambios estructurales, el UNSNA se ha mantenido conceptualmente intacto desde 1953. Cuando los autores se refieren a las mujeres como invisibles desde el punto de vista, es el UNSNA el que las ha hecho así. Cuando uno se da cuenta de que el militarismo y la destrucción del medio ambiente son registrados como crecimiento, es el UNSNA el que lo ha hecho así. 

Cuando uno busca identificar los instrumentos más crueles de colonización, aquellos que puedan hacer desaparecer una cultura y una nación, una tribu o el sistema de valores de un pueblo, hay que incluir al UNSNA entre esos instrumentos. Cuando uno ansía respirar un poco de aire fresco o beber un vaso de agua sin radiactividad recordemos que el UNSNA dice que ninguno de los dos tiene valor.

Lo que debe destacarse más es que la dimensión de clase está ausente del análisis neoclásico. Dentro de ese modelo no existen diferencias entre personas que tienen desiguales oportunidades y desigual acceso a los recursos en la sociedad. Ante esto, poco se puede sugerir para tratar los problemas específicos de los sectores pobres de la sociedad. En realidad, y de todas maneras, igual que la posición de las mujeres en el análisis económico, esta perspectiva sólo tiende a empeorar la situación de los pobres. Las mujeres de esta categoría sufren las desventajas tanto de la pobreza como de los prejuicios sexuales.

En resumen, mientras conceptos relacionados con destrezas de mercado, productividad y crecimiento formen la base de un sistema de valoración, éste tenderá a perpetuar la marginación de las mujeres. Tomados en unión de la ausencia de un análisis de clase, éste tenderá a crear una situación en la cual las mujeres pobres sufrirán los peores efectos de ese proceso. Algunos ejemplos del impacto negativo de este marco de análisis económico serán discutidos en la siguiente sección, en nuestra próxima edición, con respecto a las mujeres en los países en desarrollo.
 
 

 
 
 VOLVER AL MENU EDICION 39 ABRIL - MAYO 1999