EDICION #37
 
 Feminismo y Movimiento de Mujeres 
(Yuderkys Espinosa, Lusitania Martínez, Lourdes Contreras, Cristina Castillo, Ochy Curiel)
(tercera parte)


Términos Feministas: Algunos de estos términos son: 

Patriarcado:

Es el sistema en el que han vivido mujeres y hombres desde el nacimiento de la civilización y en el que viven ahora. Las referencias históricas más antiguas parecen indicar que antes de la Era Cristiana existía este sistema de dominación masculina institucionalizada, de forma que en la Biblia misma ya se recoge esta ideología. En su definición más amplia se refiere a la manifestación e institucionalización del dominio masculino sobre las mujeres y los niños y niñas de la familia y la ampliación de ese dominio a la sociedad en general. Ello no implica que las mujeres no tengan ningún tipo de derechos, influencia y recursos, en realidad ante las presiones y demandas femeninas, el patriarcado adopta diferentes formas, mecanismos y modos de mantener su vigencia a cambio de ceder algunos privilegios a las mujeres o a determinados grupos de éstas. (Lener, 1990).

Subordinación de las mujeres: 

Se refiere a la dependencia de la mujer respecto al hombre. En las sociedades patriarcales las mujeres están sujetas al dominio y a la orden del hombre. Esto en lenguaje común es lo que conocemos como que "el hombre es el que manda", "es el jefe de la casa". En el patriarcado este dominio esta sujeción de la mujer al hombre, no sólo se da en el hogar, sino a todos los niveles de la vida social, política, económica y cultural. Las mujeres debemos ser conscientes del papel que hemos jugado en la permanencia y reproducción de esta subordinación a través de la socialización y educación que hemos dado a nuestras y nuestros hijas/os.

Sistema Sexo-Género:

Se refiere al mecanismo mediante el cual de acuerdo a nuestras características biológicas ligadas a la reproducción, es decir, de acuerdo a los genitales que tengamos al momento del nacimiento, se define un determinado comportamiento y se asignan roles y tareas sociales. Este comportamiento que tiende a ser asumido como "natural" de la mujer o el hombre, es en realidad producto de la socialización, es decir de la educación que se le da a los niños y niñas desde el nacimiento:

A las niñas les enseñamos desde pequeñas a ser maternales, a través de las muñecas, los juegos de cocina, la asignación del cuidado de los y las hermanos y hermanas más pequeños y las diferentes tareas que les asignamos en el hogar desde pequeñas y que no les asignamos a los varones. A los varones les enseñamos a ser fuertes y "machos", diciéndoles que los varones no lloran y esperando que sean violentos y no se inmiscuyan en las cuestiones que consideramos de "mujeres".

Es importante hacer notar que esta construcción de las personas de acuerdo a su sexo es algo social y cultural, por lo tanto es posible de ser cambiado. En la realidad el género no siempre ha sido igual en todas las sociedades, ni en todos los tiempos.

Sobre las diferentes concepciones feministas

Como en toda teoría y paradigma social, durante el desarrollo del feminismo han existido diferentes maneras de explicar, entender y buscar respuestas a la subordinación de las mujeres. Esto ha tenido que ver con la época y el contexto desde donde se ha actuado, pero también con los propios intereses de las mujeres que los han desarrollado y los estilos de vida, los compromisos y grados de conciencia de las mismas. No todas las feministas han estado igualmente comprometidas con todas las problemáticas que afectan a las mujeres, ni todas luchan por los mismos intereses, ni todas han estado de acuerdo acerca de las prioridades del movimiento.

En realidad de acuerdo a la época y a las formas de dominio que va asumiendo el sistema patriarcal, y de acuerdo a la interpretación de este dominio por los diferentes sectores o grupos de mujeres, éstas han priorizado unos temas y han diseñado unas estrategias de lucha.

Así entre el siglo XIX y principios del siglo XX, cuando las mujeres habían sido privadas de todos los derechos civiles y políticos, surgió El Sufragismo, movimiento que hizo posible la obtención del voto o sufragio universal para las mujeres.

El movimiento Sufragista, así como el movimiento pro derechos de la mujer que surge desde la misma época y que se extiende hasta nuestros días, se inscriben dentro de la tradición social de los movimientos de lucha por la igualdad y por el acceso a iguales oportunidades de grupos que han estado discriminados socialmente.

Ya en este mismo siglo, para la década de los años sesenta, luego de que en la mayoría de los países las mujeres habían obtenido el derecho al voto, y con ello los derechos formales, el movimiento feminista y de mujeres comienza a resurgir, en respuesta a los problemas fundamentales que han seguido sufriendo las mujeres a pesar de su inclusión como ciudadanas.

Las mujeres prontamente se dieron cuenta de que lo obtenido con el derecho al voto no era mucho y que hacía falta seguir luchando para cambiar su situación .

Ocurre a partir de este momento un nuevo auge del feminismo que se expresó en una diversidad de grupos, colectivos y organizaciones que desarrollaron acciones en base a distintas tendencias o corrientes de pensamiento. Durante los años sesenta y setenta surgieron varias corrientes feministas, entre ellas: feminismo socialista, feminismo radical, feminismo liberal, feminismo anarquista, feminismo cultural, entre otros.

Se puede decir que estas distintas formas de entender la subordinación de las mujeres "confluyen en los llamados "feminismo de igualdad" y "feminismo de la diferencia" (Valle, Hiriart, Amado: 1996).

El feminismo de la igualdad ha sido en general el movimiento con más larga trayectoria y de mayor popularidad a nivel social y entre las propias mujeres. Básicamente se plantearía igualdad de derechos de las mujeres en los diferentes aspectos de la vida pública y privada, esto es en las leyes, en la política, en la economía, en la cultura, etc. El feminismo de la igualdad también ha sido nombrado "como movimiento por participación igualitaria de las mujeres dentro de la sociedad, lograr que estas accedan a las mismas oportunidades de que disfrutan los hombres en las instituciones de su país.

El movimiento por el derecho al voto es un buen ejemplo de este tipo de pensamiento. La mayoría de las acciones que las feministas hemos desarrollado en el país procurando reformas políticas y legales para las mujeres también se han inscrito dentro de esta tradición y pensamiento.

El feminismo de la diferencia, por el contrario, ha sido menos difundido y por lo tanto ha gozado de menos popularidad en países como el nuestro, pero sí ha tenido mucha incidencia en países industrializados como Italia y Estados Unidos.

En lo que los feministas de la diferencia tratan de llamar la atención es en la necesidad de darnos cuenta de que las diferencias entre los géneros (es decir entre hombres y mujeres) no es algo tan simple, como que el patriarcado nos vuelve diferentes de acuerdo a nuestro sexo. Este feminismo intenta explicar que el lugar que ocupamos en el mundo, y que define nuestra manera de comportarnos y de pensar, no está sólo determinado por el espacio que nos ofrece la sociedad sino también por el cuerpo que habitamos, es decir que el cuerpo de mujer, su funcionamiento, su estructura, sus ciclos vitales, de alguna manera inciden en nuestra mirada y experiencia del mundo.

En este sentido ellas reivindican y llaman a las mujeres ha recuperar la relación originaria con nuestro cuerpo que nos permita una relación integral entre nosotras mismas y nuestros proyectos de sociedad. Según estas mujeres hasta ahora y a pesar de las mal llamadas diferencias entre hombres y mujeres, en realidad la imagen y el modelo de mujer con que hemos crecido, es un modelo inventado e impuesto a las mujeres por los hombres, es decir que las mujeres somos más de lo que los hombres han querido que seamos, no lo que nosotras queremos ser. Piensan que el intento de los últimos siglos de igualar a las mujeres a los hombres, es una mala comprensión del fenómeno de la subordinación de las mujeres, pues con eso lo que se intenta es "poner el mismo vestido" a hombres y mujeres, obviando que este "vestido", es de este modelo de ser y vivir no es neutral, sino que producto de la vivencia particular de los varones. 

 
 
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