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Mitos
y recomendaciones
* Aumentar el consumo de agua, jugos frutas y verduras; y reducir las grasas, condimentos y carne. * Las actividades que una mujer con dismenorrea puede realizar, son aquellas que su mismo estado le permita. Si se padecen dolores incapacitantes, no deben levantar objetos pesados ni permanecer de pie durante mucho tiempo. * Se recomienda hacer ejercicio, ya que favorece la circualación, y con ello se disminuyen las molestias y se mejora el ánimo. * La mujer debe continuar su vida normal en lo posible, asistir al trabajo, la escuela, realizar sus actividades productivas y de entretenimiento. Disfrutar lo que hace. * Asimismo, no es recomendable la automedicación, pues muchas veces ésta puede acarrear mayores consecuencias que el padecimiento. Lo escrito anteriormente suena dramático, pero la realidad es así. La dismenorrea, como se le conoce a este malestar, puede postrar en cama a cualquier mujer. Sin embargo, cuando se detecta puede seguirse un tratamiento efectivo, para que la fémina no se vea limitada a proseguir su rutina laboral, estudiantil o como ama de casa. Clasificar la dismenorrea, según la intensidad del dolor, es difícil, pues es un síntoma subjetivo, personal, que depende en parte, si la paciente busca o no por sí misma una medicación. A criterio de los expertos puede dividirse en dos grupos por su origen. * Priamaria: en este grupo se incluyen quienes no presentan una enfermedad visible en la pelvis, sino alteraciones bioquímicas como causantes del dolor. * Secudaria: figuran quienes se les detecta un problema diagnosticable como tumoraciones ovaricas o uterinas, o adherencias pélvicas, es decir endometriosis. Para prevenir sorpresas desagradables, toda mujer que sufre dolores menstruales debe acudir el ginecólogo, quien definirá el tipo de dolor y dar así el tratamiento específico. En los textos de medicina, la dismenorrea figura como el desorden de la menstruación más frecuente en las jóvenes después de la pubertad. Varía de acuerdo con la comunidad, edad y nivel socioeconómico. En nuestro medio, aproximadamente el 52% de las mujeres en edad fértil la sufren y, para el 10% de ellas resulta incapacitante de uno a tres días. Una de las incidencias mayores es el ausentismo en las actividades laborales. De ahí que la búsqueda de un tratamiento adecuado reviste gran importancia, ya que encontrarlo representa, por una parte, un mejoramiento de la calidad de vida de la mujer que cada mes se enfrenta a la angustia por la proximidad de sus menstruaciones y, por otra, constituye un beneficio económico para la sociedad, en general, y para su familia en particular. Se presenta con frecuencia en mujeres entre 20 y 24 años y disminuye a partir de los 25, o bien con el matrimonio. Es lógico pensar que la explicación de esto se encuentra en el área psicoemocional ya que la mujer mayor y la que se casa adopta estabilidad afectiva. Es más frecuente en mujeres que trabajan fuera del hogar con un coeficiente de inteligencia alto, sometidas a tensiones emocionales, lo cual aumenta la persepción del dolor; sin embargo, no lo modifica el tipo de trabajo no la condición física de la mujer. Cómo
se caracteriza
El diagnóstico sólo lo puede realizar un ginecólogo mediante datos clínicos, exploración física y cuando existe duda, se puede recurrir al ultrasonido o a la laparoscopia (cirugía de abdomen). Hata hace relativamente poco tiempo, los tratamientos para evitarla eran poco efectivos y algunos de ellos hasta peligrosos. Descubrimientos recientes han permitido aplicar una cura racional al problema, ya que existen medicamentos capaces de dismunuir la producción de sustancias que en algunos pacientes se producen en exceso por el organismo y que causan dismenorrea. Estas
medicinas logran un alivio importante de los síntomas. En
algunas mujeres, el inicio de una vida sexual o el hecho de embarazarse
ha logrado la desaparición de los síntomas, situación
que no se ha aclarado aún, y está en proceso de investigación
médica.
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